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Amo a un caballero que es mi noche y mi día,
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lo quiero con locura, por él me entregaría,
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de no tener sus besos yo me moriría,
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encuentro en sus labios la cura a mi eterna agonía.
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Cuando roza los míos... me entrega su miel, su dulce ambrosia,
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a cualquier parte yo lo seguiría,
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siempre sueño con él, con sus abrazos y su alegría
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es alto y apuesto, y cabalga con gallardía.
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Cuando me acuerdo de él me mata la melancolía,
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es la luz que alumbra esta vida mia
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entrando y saliendo como los peces del agua de las rías,
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por hacerme suya... la luna me bajaría.
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Él sabe acariciar mi piel con maestría,
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de mirar sus ojos no me cansaría,
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arropadme en vuestros brazos, donde las penas no tienen cabida,
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iluminadme con vuestra sonrisa, esa dulce melodía.
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En las noches sólo vuestro recuerdo calienta mi alma fría,
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sentid mis labios y notad la suave brisa,
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me muero por un atardecer juntos, y de fondo... su querida ría,
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incansablemente sus labios besaría
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y por los poros de su piel yo me perdería.
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Llevadme al país de los sueños, donde la noche nunca termina,
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amaneciendo a vuestro lado, dos soles me iluminarían,
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dadme vuestro corazón y yo os daré mi vida,
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dadme vuestras noches de amor, que me tenéis totalmente prendida.
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Si faltáis de mi lado siento que pierdo la vida,
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ya no existe remedio que sane a mi corazón de vuestra herida,
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cuando no estáis soy un alma perdida,
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sólo un deseo: acunad en vuestros brazos mi desazón y salvad mi caída
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suave entre brazos y rápida como la vida
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que yo, presa de vos, para siempre... os entrego mi alma
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eternamente enamorada y de amor... enardecida
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